Pablo-ráez
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El joven marbellí, que revolucionó las redes con su mensaje a favor de la donación de médula, falleció el sábado a los 20 años en su casa, rodeado de sus familiares

Pablo Ráez se ganó el cariño de todos por su simpatía en la adversidad.

Pablo Ráez ya no está, pero su recuerdo permanecerá siempre en la memoria de quienes lo conocieron y de quienes vieron en él, a través de los mensajes de esperanza y solidaridad que lanzó, un espejo en el que mirarse.

El joven marbellí falleció ayer en su domicilio de Marbella acompañado por su familia. Tenía 20 años y toda la vida por delante, pero una leucemia linfoblástica aguda, que le diagnosticaron en marzo de 2015, puso fin a su existencia tras dos años de dura e intensa lucha contra la enfermedad.

En los últimos días recibió atención del personal de Cudeca. Como él dijo cuando su grave padecimiento ya hacía prever cuál sería el final: «La muerte forma parte de la vida, por lo que no hay que temerla, sino amarla». El funeral se celebrará esta tarde, a las 17.00 horas, en la iglesia parroquial de la Encarnación de Marbella.

La historia de Pablo Ráez, un chico que quería ser bombero como su padre, ha cruzado fronteras y se ha convertido en un modelo de entrega y de superación.

La leucemia lo ha derrotado, pero no podrá eliminar su legado, que perdurará en el tiempo. Un ejemplo de ello es que el número de donaciones de médula ósea creció en Málaga el año pasado un 1.300 por ciento gracias a la campaña puesta en marcha por el joven marbellí, que dio un impulso importantísimo a esa actitud altruista. Su lema ‘Siempre fuerte’ se hizo viral y se repitió exponencialmente en las redes sociales (#siempre fuerte), así como su gesto con los brazos expresando sensación de fortaleza.

Su lema ‘Siempre fuerte’ representa lo que fue Pablo Ráez: un guerrero incansable

«Ha sido lo que tenía que ser, su situación era muy complicada se encontraba muy mal; su cuerpo ya no podía soportar más. Él lo sabía y lo sabíamos nosotros», así lo afirmó ayer el padre del paciente, Francisco Ráez, al confirmar la muerte de su hijo, cuyo estado se fue agravando en las últimas semanas tras no fructificar el segundo trasplante de médula ósea que le hicieron en el Hospital Regional Carlos Haya el 18 de noviembre del año pasado.

Si en el primer implante el donante fue el padre del Pablo, en el segundo lo fue una joven norteamericana. Ninguno de los dos trasplantes logró el efecto deseado y la leucemia siguió avanzando sin que los tratamientos aplicados consiguieran vencerla.

Además de encarar con entereza la noticia de que en su organismo había más células suyas malas (80 por ciento) que buenas de la donante (20 por ciento), Pablo Ráez demostró una vez más su grandeza y bondad al pensar en los enfermos que estaban pasando por una situación similar a la suya. «Ánimo a todas las personas que estéis en una dura batalla; ánimo a los que hayáis perdido a un ser querido. Todo pasará y todo llegará», escribió.

Pese a ser consciente de que la terapia recibida no daba el resultado ansiado, Pablo Ráez, luchador y guerrero incansable, no se dio por vencido y continuó plantandole cara a la enfermedad.

A finales del pasado mes de enero, aun consciente de que su estado empeoraba, el joven mantuvo su espíritu positivo.

En una aparición en las redes sociales contó que el segundo trasplante de médula no estaba funcionando. «Admito que es un momento duro, dan ganas de tirar la toalla, de dejar de sufrir, de descansar de una vez… pero no me rindo, sigo y seguiré luchando, día tras día hasta que llegue mi día, sea mañana o en 70 años», relató.

Y su muerte llegó ayer cuando su resistencia ya se agotó.