Alberto Rodriguez
Alberto Rodriguez recibe el Goya por La Isla Mínima

La Isla Mínima  hizo que fuera la noche de Alberto Rodríguez.

Un director que ha dado al cine español un regalo de altura como La isla mínima debía irse de los Goya 2015 con el saco lleno de ‘cabezones’. Y así fue. Hasta 10 premios, de 17 nominaciones, se llevó una cinta que ha trasladado su éxito de la crítica a las salas y de las salas a los galardones. No en número de premios, pero sí en sensaciones, el otro filme triunfador de la noche fue el fenómeno Ocho apellidos vascos. Tres galardones de sus apenas cinco nominaciones, pero tres premios de peso para sus protagonistas que saben a gloria. El niño se conformó con reconocimientos menores. No gusta hablar de fracasos en estas ceremonias, pero si hay uno es el de Magical Girl. La triunfadora en el festival de San Sebastián se fue prácticamente de vacío. La gala, por aburrida y larga en exceso, mejor la olvidamos. Gracias a todos, me habéis hecho muy feliz Alberto Rodríguez ya había dejado, repasando su filmografía, muy buen sabor de boca, pero con La isla mínima ha bordado un thriller de cine negro cuyo retrato de la España de comienzos de los años 80, escenario de una investigación criminal con dos carismáticos protagonistas, es para enmarcar. El guión y dirección de La isla mínima, ambos firmados por el sevillano, merecían para el cineasta dos ‘cabezones’ que se le habían resistido con anterioridad. “Gracias a todos, me habéis hecho muy feliz”, dijo con cierta timidez al recoger el Goya al mejor director, que ya adelantaba el triunfo definitivo para su película. “Viva la madre que te parió. Gracias por tu humanidad y tu gran talento”. Fueron las palabras de agradecimiento de Javier Gutiérrez, mejor actor del año, para un Alberto Rodríguez que le ha otorgado el que ya es el papel de su vida. Constante secundario, su primera vez como protagonista le ha servido a este gallego “de Ferrol” para lograr el mayor de los reconocimientos de nuestro cine. Pese a ‘robar’ el Goya a su compañero de faena, Raúl Arévalo, todo el mundo ha entendido como justo un premio para un actor cuya interpretación ha recibido elogio tras elogio. El detective, tan oscuro como la película, que Gutiérrez ha dejado en la gran pantalla se queda ya imborrable en nuestra retina. “Estoy al borde del colapso. Este Goya no es sólo mío, es para todos los que han apostado por mí”, dijo como agradecimiento. Y recordó a Arévalo mientras este aplaudía desde la platea: “No podía imaginar otro compañero de viaje en esta isla. Hoy me aplaudes tú, pero seguro que te aplaudiré yo más veces”. Nerea Barros inició el festival de La isla mínima con su Goya a la mejor actriz revelación, el primero de muchos, incluyendo mejor fotografía, montaje y dirección artística. Nota de 10. Se dejaron, eso sí, siete por el camino. Mal menor. Bárbara Lennie salvó el honor de Magical Girl. La cinta de Carlos Vermut ha hecho desde su triunfo en el festival de San Sebastián un viaje de éxito que la han puesto en el escaparate de nuestra cinematografía. Y con merecimiento. “Gracias a la Academia, a las compañeras de nominación, a Carlos Vermut… Yo me he tirado al abismo contigo. Te daré las gracias muchas veces por darme la oportunidad con esta película”, dijo una emocionada Lennie. Solo un premio de siete candidaturas que coló en el triunfo final de La isla mínima. Otra que se fue casi de vacío, aunque era más previsible, fue la genial Relatos salvajes. Solo se llevó a casa el Goya a la mejor película iberoamericana. Casi sabe mejor estar entre las cinco finalistas para ganar el Oscar a la mejor cinta de habla no inglesa. Mientras, El niño, que partía con 16 nominaciones, solo se llevó cuatro premios de ‘menor categoría’. Y es que, además de La isla mínima, la otra cinta que se llevó la atención de la noche fue Ocho apellidos vascos. El fenómeno de 2014, que empezó asomándose en los cines con un escueto tráiler que ya anunciaba lo que se avecinaba, cerró su ciclo de éxito con ese apasionado beso que Clara Lago dio en la gala a Dani Rovira cuando este recibió el Goya al mejor actor revelación. Era el punto y final, el broche de oro, para un filme que ha hecho las delicias de millones de espectadores. El propio Rovira, Karra Elejalde y Carmen Machi —estos dos últimos mejores intérpretes de reparto— recibieron algunas de las grandes ovaciones de estos Goya 2015. Eran aplausos que ya habían recibido en las salas y que debió disfrutar desde la distancia Emilio Martínez-Lázaro, director del filme y, para muchos, uno de los grandes olvidados en las nominaciones. Mucho optimismo, poca crítica Estimados amigos de la cultura y del cine español. Señor Wert, usted no está incluido en este grupo En la gala de este 7 de febrero se notaba que se había cerrado el año con la mayor taquilla de la historia del cine español. Por ello, los Goya se llenaron de optimismo, con más ganas de celebración que de reivindicación, y eso se notó en los discursos. Apenas hubo críticas. Por rescatar, dos especialmente sensibles. “No quiero ser cansino, pero ya va siendo hora de que nos bajen el IVA”, dijo el presidente de la Academia, Enrique González Macho, menos duro que en pasadas ediciones. Dureza que dejó para Pedro Almodóvar cuando este salió al escenario para entregar el Goya de Honor a Antonio Banderas. “Estimados amigos de la cultura y del cine español. Señor Wert, usted no está incluido en este grupo”, espetó el director manchego al ministro presente, esta vez sí, en la gala. Antonio Banderas recibió un justo homenaje a su trayectoria con un discurso sentido y emotivo. “Todo lo que tengo se lo debo a mi profesión, a mi vocación. Le debo lo que soy. Siempre mi mente ha estado puesta en España, da igual dónde estuviera. Lo importante para mí era saber cómo se veía mi trabajo en mi país, en mi Málaga y en mi barrio”, dijo el actor. El premio se lo dedicó, muy emocionado, a su hija Stella del Carmen: “Es quien más ha sufrido mis ausencias”. Y sin ‘salir’ de Málaga, el ya mencionado Dani Rovira solo tuvo su gran momento de la noche, beso incluido, al recibir su Goya. No brilló como maestro de ceremonias al no poder llevar su natural desparpajo sobre el escenario. Humor a cuentagotas en una presentación para olvidar. No se salvó de una gala en general aburrida, con actuaciones musicales sin sentido y sin gracia que no hacían más que provocar que muchos españoles apagaran su televisor para irse a la cama. Hay cosas que, año tras año, no cambian y los Goya siguen provocando bostezos que pueden ser perfectamente evitables.