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El Caballero Negro ha dado un pasito más en su objetivo de acabar el Dakar al haber superado la primera de las dos etapas maratón, la que le llevó de Iquique, en Chile, a Uyuni, en Bolivia. Ha culminado la etapa en el puesto 15 y en la clasificación general se encuentra en la posición 22.

“Hemos pasado por la frontera a 4200 metros de altitud y, al entrar en Bolivia, la gente se iba durmiendo por la altitud y porque la velocidad máxima permitida es de 90 km/h”, declaró José Luis Espinosa a su llegada a Uyuni. “En la super-especial hemos pasado del calor que traíamos del desierto a mucho frío y los corredores estábamos con hipotermia”.

En lo que se refiere a la competición en sí, el piloto de Arroyomolinos ha declarado que “ha sido muy técnica y complicada, con numerosos pasos de río lloviendo y mucho barro”. “Por este motivo”, continuó Espinosa, “me he tenido que quitar las gafas y ahora veo borroso”.

En los primeros 100 kilómetros de especial, el Caballero Negro tuvo problemas con el puño que le colocó Chilly Racing y esto le obligó a realizar un recto en un sembrado, cayendo por debajo de la pista a unos dos metros y medio. Chocó contra un vallado de alambre y, finalmente, tuvo que tirarse del vehículo y lo detuvo con el hombro.

Superado este incidente, la carrera transcurrió sin problemas, escalando puestos, hasta que a cinco kilómetros de la meta, el quad se detuvo por un problema eléctrico. Gracias a otro piloto, Juan Carlos Carignani, que lo remolcó hasta el parque cerrado de Uyuni, pudo terminar la etapa.

“Al llegar al campamento nos han dado unos calzoncillos largos, un neceser, un gorro, un forro polar y un catre. Aquí estamos a 4080 metros de altitud y me encuentro un poco mareado, con mal de altura”, comentó José Luis Espinos desde el vivac. Tras ser atendido por el médico, el piloto madrileño recibió un poco de oxígeno y hojas de coca.