Podemos
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Cuando la política fomenta la ansiedad se convierte en un arte reaccionario. 

André Glucksmann (1937-2015)

 

Manuela Carmena y Pablo Iglesias (Foto: Ahora Madrid / flickr)

Manuela Carmena y Pablo Iglesias (Foto: Ahora Madrid / flickr)

Un año de sonrisas y amor, por Jorge Martín Frías.

[dropcap]E[/dropcap]l cambio morado llegó a las grandes capitales para poner fin a la corrupción, a la desnutrición de los niños luego resulta que no había niños en semejantes condiciones , a los desahucios  al final, no son tantos según los propios ediles del Ayuntamiento de Madrid y, cómo no, para recuperar las instituciones para la gente léase, los propios: familiares, amigos y ex el pueblo y un largo etcétera de masas informes desprovistas de toda individualidad y legitimadas, o no, en función de los portavoces de la alegría en la tierra.

Las sonrisas y el amor podemita iban a embriagar a la gente en un éxtasis nunca conocido hasta entonces. Iban a traer el cielo a la tierra. ¿Para todos? No. El cielo pertenece a la masa sin atributos. Y en tanto que sin atributos, ¿cuáles son las referencias sin los portavoces de la masa? No las hay, porque el marco es autorreferencial. Si la gente son ellos, ¿quién va a osar hablar en nombre de los ciudadanos? ¿Sus representantes, elegidos democráticamente y de acuerdo a nuestra Constitución?

¿Qué ha pasado durante este año? ¿Están las ciudades de los Ayuntamientos del cambio más alegres? ¿Reina el amor? ¿Las sonrisas? ¿La belleza?

"¿En Barcelona? Evitar las inmediaciones de Travessera de Gracia 181 en el barrio de Gracia. Cientos de manifestantes enfrentándose a la policía" (Twitter del Travel State Department de EE.UU.)

“¿En Barcelona? Evitar las inmediaciones de Travessera de Gracia 181 en el barrio de Gracia. Cientos de manifestantes enfrentándose a la policía” (Twitter del Travel State Department de EE.UU.)

La estética varía del cartel podemita a la realidad. De la múltiple gama de colores que acompañan sus actos electorales sus programas a lo IKEA, sólo sobrevive el resplandor de las llamas que han invadido las calles deldistrito barcelonés de Gràcia ante la comprensiva Alcaldesa. Porque entre la masa y el ciudadano, dotado de derechos y obligaciones, siempre prima la masa; y más “si son de los nuestros”.

El amor brota por los poros de todos y cada uno de los ciudadanos. Los Ayuntamientos del “cambio” son promotores del amor, ya sea a través de guiñoles que transmiten las virtudes cardinales, de concejales que demuestran el amor al prójimo y el respeto a la creencias religiosas, de la condena de violentos como aquel podemita que, en un ataque de amor, pegó a una mujer e hizo uso de la confrontación dialéctica hasta agredir a un concejal del PSOE, y, cómo no, el amor propio en forma de gomina, de exaltación de los delitos cometidos no vaya a ser que los brillantes currículos vitae pasen desapercibidos  o de las no dimisiones.

Y si el amor ha ocupado las ciudades, cómo no va a traducirse en sonrisas. Han introducido la sonrisa en almas que estaban desamparadas. Sólo hay que contemplar las sonrisas de aquellos ciudadanos, cumplidores de los deberes cívicos, cuando observan cómo desde las instituciones gobernadas por los arcángeles de la alegría se anima y protege a los okupas.

Podemos, Ada Colau dando explicaciones sobre los incidentes del barrio de Gràcia de Barcelona

Ada Colau dando explicaciones sobre los incidentes del barrio de Gràcia de Barcelona (Foto: YouTube)

Las sonrisas y el amor podemita han copado las ciudades con el objetivo de acabar con el orden político y la paz social fruto del respeto a la Ley y los derechos de los demás. La política podemita persigue traer un nuevo orden político en el que la violencia como forma política es lícita; la arbitrariedad, necesaria para alcanzar los fines; y la individualidad desdibujada, un proceso ineludible para silenciar la actitud crítica de las sociedades abiertas.

La sonrisa y el amor de los Ayuntamientos del “cambio” es la piel de cordero del lobo.1 Las caretas de las que hablaba Ignacio Ibáñez aquí. Los efectos de sus políticas, política de la antipolítica, un riesgo para la democracia como señalaba José Ruiz Vicioso y para el bienestar de los ciudadanos: más paro, menos inversiones y más incertidumbre allí donde gobiernan, como lo demuestran los números; así como la subdivisión entre ciudadanos, masa y la élite podemita. Pero su supervivencia, la del populismo, será seguir con su agenda de descrédito y sospecha sobre el sistema político unido al marketing de las sonrisas y el amor. Porque han venido a ser los auténticos regeneradores de todo lo existente, hasta tal punto que, si se les permite, crearán un viejo orden político, caduco y frente al cual se constituyó la mejor Unión Europea, la de los valores fundacionales que es preciso rescatar para, ahora como entonces, frenar el populismo y el comunismo.

Fuente: Jorge Martín Frías | Editor de Floridablanca